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chamanismo

LAS PLANTAS SAGRADAS

LAS PLANTAS SAGRADAS Después de tener una nociín de lo que significa el Chamanismo, y de como este en la mayoria de casos se ve relacionado con modificadores de Conciencia, en este caso, vale la pena hablar, o mejor aun, conocer un poco de PLANTAS SAGRADAS, ya que es poco el conocimiento que tenemos de ellas, algunas veces tergiversados, por los medios de comunicación. Desafortunadamente en nuestro país, y en muchos paices de América Latina y del mundo entero, podemos notar una lucha de los gobiernos por exterminar prácticas chamanicas, usadas desde tiempos ancestrales.

Plantas y alcaloides visionarios, Las Drogas tal cual..., es excelente un articulo, que nos muestra un enfoque con fines mas inestigativos, serios y humanos, diferentes a los fines perseguidos por los gobiernos de mentalidades cerrados, que buscan un fin más político y económico que social.

ARTICULO.

PLANTAS Y ALCALIOIDES

Plantas y alcaloides visionarios


Peyote y
San Pedro


Hongos


Amanita


LSD


DMT


Ololiouqui


Skapastora


Ayahuasca



Las enseñanzas que aportan los psiquedélicos son un potencial, no constituyen una certeza. Puedo aprender pero no estoy forzado a hacerlo; puedo descubrir maneras de mejorar mi calidad de vida, pero sólo el esfuerzo individual traerá los cambios deseados…

Estoy convencido que existe una gran riqueza de información en nuestro interior, montones de conocimientos intuitivos acumulados en el material genético de cada una de las células. Una especie de biblioteca que contiene innumerables libros de referencia pero de la que desconocemos la puerta de entrada.... Las drogas psiquedélicas abren la puerta de este mundo interior.

Esta búsqueda de conocimiento ha sido parte de la vida humana desde los primeros momentos de la conciencia... Cada uno de nosotros, en un momento u otro de la vida, nos sentimos extraños en la travesía de la existencia y necesitamos respuestas a las preguntas que surgen del alma. Un buen uso de las sustancias psicquedélicas puede ayudar en este vaje.

Alexander Shulguin: "La legalización de ciertas drogas debería de ir acompañada de educación"




Aunque el uso de hongos psicoactivos tales como Amanita muscaria y Claviceps purpurea no era desconocido entre los antiguos pueblos europeos, los primeros españoles que llegaron al territorio mexicano quedaron estupefactos al ver que los habitantes adoraban a sus dioses con la ayuda de plantas capaces de alterar la conciencia a las que daban nombres para ellos tan extraños como teonanacatl, peyotl, ololiuqui o pipiltzintzintli.

Debido a su ignorancia, a su vocación católica monoteísta y a sus pretensiones de conquista, los españoles que llegaron siguiendo a Hernán Cortés prohibieron junto con el culto a los antiguos dioses mesoamericanos, el consumo de las "plantas diabólicas del Nuevo Mundo". En 1638, una instrucción del Santo Oficio español sentencia:

«Nosotros, los inquisidores, abocados a suprimir la perversidad herética y la apostasis, por virtud de la autoridad apostólica, declaramos condenada la hierba o raíz llamada peyote, introducida en estas provincias para detectar robos o adivinar otros acontecimientos, pues constituye un acto de superstición opuesto a la pureza e integridad de nuestra fe católica.» (22)

En 1656 aparece una guía para misioneros que ataca la idolatría indígena, incluyendo ahora la ingestión de hongos. Los escritos que condenan al teonanácatl se acompañan de ilustraciones que lo denuncian. En una de ellas aparece el diablo incitando a un indio a comer hongos; en otra, el diablo danza sobre ellos. (10)

Los jerarcas eclesiásticos hicieron un trabajo de persecución tan exitoso que durante cuatro siglos nada se supo sobre el culto relacionado con estas plantas. Ningún antropólogo o botánico fue capaz de descubrir las ceremonias rituales que continuaban llevándose a cabo clandestinamente. Fue hasta mediados de la década de 1930 que comenzaron a salir a la luz pública. Entonces se supo que las ceremonias rituales en las que intervenía alguna de estas plantas antiguamente satanizadas y prohibidas por los españoles, eran guiadas por un hombre sabio o una mujer sabia -comúnmente llamados chamanes o curanderos-, que dichas ceremonias incluían el ayuno previo como requisito para todos los participantes y que su objetivo principal era curar a personas enfermas.

Tanto los efectos de estas plantas, como los efectos de los brebajes que se preparan con ellas o los de sus respectivos alcaloides, dependen del contexto en el que se ingieren, la cantidad administrada, el propósito con el cual se utilizan, así como el control ceremonial que ejerce el chamán o la ausencia de éste; sin embargo, prácticamente todas ellas tienen en común la capacidad de generar lo que se conoce como visiones o alucinaciones, esto es: percepciones en ausencia de un objeto real (a diferencia de las ilusiones que son percepciones alteradas de un objeto presente, según las definen los psiquiátras).

La llamada Biblia de los médicos, el prestigioso manual farmacéutico Goodman & Gilman asegura que el rasgo que distingue a estos psicoactivos de otras clases de drogas es su capacidad de inducir estados de percepción, pensamiento y sensaciones alterados que no pueden experimentarse de otra manera, excepto en sueños o, a veces, en el éxtasis religioso:

Hay una conciencia intensificada de la entrada sensitiva, a menudo acompañada por un aumento de la claridad de percepción, pero con disminución sobre el control sobre lo que se experimenta. Con frecuencia se siente que parte del ser parece ser un observador pasivo (un 'yo espectador') más que una fuerza activa organizadora y directriz, mientras que otra parte participa y recibe experiencias sensoriales vívidas e inusuales... En este estado, la sensación más leve puede tener un significado profundo. Por lo general existe una disminución de la capacidad para diferenciar los límites entre un objeto y otro y entre el propio ser y el medio. Junto con esto puede haber una sensación de unión con 'la humanidad' o el 'cosmos'. (34)

Otra característica de los "alucinógenos" que destaca en este manual es su bajo potencial de abuso: "son sustancias que rara vez provocan dependencia y excepcionalmente desembocan en un hecho fatal". (34)

Etimológicamente, el verbo alucinar procede del latín halucinari, "divagar mentalmente o hablar sin sentido", y en esa lengua es sinónimo de palabras que significan estar loco o delirar. Así pues, el adjetivo alucinógeno impone de inmediato un juicio de valor negativo sobre la naturaleza de las percepciones alteradas, ya que alucinar significa "ofuscar, seducir o engañar, haciendo que se tome una cosa por otra". Debido a ello se han propuesto múltiples denominaciones científicas para tratar de abarcar etimológicamente sus efectos: psicodislépticos, eidéticos, misticomiméticos, psicógenos, psicoataráxicos, psicotógenos, psicotomiméticos, etc.

Desde la perspectiva de doctor Humprey Osmond y muchos otros investigadores, no se les puede aplicar el término de alucinógenos ya que pocas veces producen alucinaciones reales sino más bien ilusiones sensoriales, ni el de psicomiméticos, porque sus efectos son mucho mayores que la simple imitación de episodios de locura, por eso propuso el término de psiquedélicos. Él pensaba que podían propiciar una experiencia directa hacia los ámbitos espirituales y que los epítetos clínicos desdeñosos no debían oscurecer su verdadera riqueza, dado lo cual acuñó el vocablo psiquedélicos, un nombre con profundidad mística ya que etimológicamente significa "manifestadores o reveladores del alma", pues viene de los términos griegos psique, que es el denominativo de "alma o espíritu" y delos que significa, "manifestar, revelar o hacer visible". (98)

Por desgracia, los medios de comunicación masiva se encargaron de transformar a los psiquedélicos en psicodélicos, tal como tergiversaron muchas otras cosas respecto a estas drogas que terminaron asociadas con la rebelión cultural, los nuevos estilos artísticos y la apología del uso de sustancias psicoactivas durante la década de los años sesenta. Así fue como este excelente término cayó en desuso.

En virtud de mis experiencias personales, a mí me gustaría que se reivindicara el término de psiquedélicos, como intenta Richard Yensen (98), sin embargo, también me agrada mucho otro vocablo que un grupo de investigadores encabezados por Jonathan Ott propuso para referirse a "las drogas cuya ingestión altera la mente y provoca estados de posesión extática y chamánica": enteógenos. El vocablo de origen griego entheos significa "Dios adentro" y se utilizaba para describir los trances proféticos, los momentos de creación artística y aquellos ritos religiosos en los que se experimentaban estados místicos a través de la ingestión de sustancias asociadas con alguna deidad. De acuerdo a Jonathan y sus colegas, en un sentido estricto, "sólo aquellas drogas que producen visiones y de las cuales pueda mostrarse que han figurado en ritos religiosos o chamánicos serían llamadas enteógenos." (66)

No obstante, investigadores tan reputados como los Shulguin o Antonio Escohotado, señalan que las experiencias místicas o extáticas sólo son un potencial y no una garantía del uso de este grupo de psicoactivos. Adicionalmente Escohotado encuentra que el término entéogeno "es más ideológico que objetivo y recuerda excesivamente el ámbito de lo religioso"; dado lo cual se inclina por la palabra visionario, que le parece suficientemente secularizada o laica. Según explica: "la visión es una visión privilegiada del acontecer... cuando alguien dice que ha tenido una visión se refiere a que sintió o percibió lo que esa persona intuía que se podía percibir o sentir sobre cierto asunto, dejándose de lado todo subjetivismo". (3)

Dejar de lado todo subjetivismo me parece imposible, pero dentro de las gradaciones entre lo más subjetivo y lo menos subjetivo, quizá visionario sea menos subjetivo que enteógeno y sobre todo más genérico, ya que incluye las experiencais del conjunto de personas que no llegan a experimentar estados místicos o visiones que puedan calificarse como espirituales dados los parámetros convencionales. Por eso es que finalmente he optado por emplear dicho término para calificar al conjunto de plantas, brebajes y alcaloides que se analizan en este capítulo: los cáctus llamados peyote y San Pedro, los hongos psicoactivos, los amanita muscaria, las semillas de ololiuqui, las hojas de ska pastora, la bebida denominada ayahuasca y dos alcaloides cuyos antecesores orgánicos tienen comprobada utilización chamánica: la dietilamida del ácido lisérgico o LSD, proveniente del hongo conocido como fuego de San Antonio y la dimetiltriptamina o DMT, principio activo contenido en diversas plantas psicoactivas de todo el globo terráqueo.

¿Por qué están prohibidas las sustancias visionarias?

En Las puertas de la percepción, fruto de sus vivencias espirituales a la luz de una planta maestra, el escritor inglés Aldous Huxley escribió: "Ser sacudido fuera de las rutas de la percepción ordinaria, ser espectador durante algunas horas sin tiempo del mundo externo e interno, no como se aparecen al animal obsesionado con la supervivencia o al ser humano obsesionado con palabras y nociones, sino como son aprehendidos directa e incondicionalmente por la mente en su totalidad, es una experiencia de inestimable valor para cualquiera y especialmente para el intelectual." (42)

En parte siguiendo este tipo de recomendaciones emitidas por líderes contraculturales, y en parte siguiendo una moda amiga de la disipación y la rebeldía, cientos de jóvenes occidentales se lanzarían en pos de algún chamán entre mediados de los años cincuenta hasta mediados de los sesenta. Salvo contadas excepciones, ninguno de ellos llevaba en mente el objetivo de obtener enseñanzas acerca del autoconocimiento, sino el de tener un buen trip bajo los efectos de las plantas mágicas de México y del Amazonas.

Olvidando la segunda máxima del Templo de Delfos: "Nada en exceso", los llamados hippies abandonaron la búsqueda de los chamanes e incluso el uso de las plantas mismas, sustituyéndolas por el consumo de sus alcaloides principales: mezcalina, dimetiltriptamina, dietilamida del ácido lisérgico, psilocina y psilocibina. Poco después, en 1971, a instancias del gobierno estadounidense asustado por la magnitud del fenómeno y especialmente por su asociación directa con el cuestionamientos al orden social imperante y la política contestataria de los jóvenes, comenzaría una nueva época de persecución y prohibición a escala mundial de las plantas maestras y sus alcaloides.

A partir de esta fecha las drogas quedaron técnicamente divididas en lícitas e ilícitas y conceptualmente estigmatizadas como buenas o malas. Como lúcidamente aseguró el poeta mexicano Octavio Paz:

Puede entenderse ahora la verdadera razón de la condenación y su severidad: la autoridad no obra como si reprimiese una práctica reprobable o un delito sino una disidencia. Puesto que es una disidencia que se propaga, la prohibición asume la forma de un combate contra un contagio del espíritu, contra una opinión. La autoridad manifiesta un celo ideológico: persigue una herejía, no un crimen. (70)

En virtud de esta neo-inquisición, los principios activos de las plantas maestras y por ende ellas mismas, caerían nuevamente en la clandestinidad o en la ambigüedad legislativa. Por arte y magia de la prohibición internacional aparecen entonces los cercos y retenes de la Policía Judicial Federal mexicana en las zonas en donde ellos suponen que estas plantas crecen ahora, aparecen los casos de jóvenes detenidos y extorsionados por querer transgredir el resguardo de las puertas de la percepción, aparece una nueva y quizá más peligrosa amenaza para la supervivencia de las tradiciones de ciertos pueblos indígenas de América: el exterminio de costumbres ancestrales debido al uso de plantas psicoactivas que autoridades ajenas consideran peligrosas... y peor aún, se dificulta el acceso y la investigación de fármacos de incalculable utilidad para la salud mental pública, como puede observarse en los apartados de Hechos interesantes de cada uno de los psicoactivos que se estudian en este aprtado dedicado a las plantas y alcaloides visionarios.

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